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Canal 1: benjita: crónicas, noticias y literatura

19 Septiembre 2010

Historias a la Chilena: Mensaje del Te Deum del Bicentenario de Chile.

Amigas y amigos: El Te Deum Ecuménico del Bicentenario estuvo fuertemente marcado por la rememoración de los hechos que siguieron a la conformación de la primera Junta Nacional de Gobierno y a la situación que hoy afecta al país, siendo encabezada por las máximas autoridades religosas y el Presidente Sebastián Piñera.

"Chile entero está de fiesta. Celebran en la profundidad de la tierra nuestros treinta y tres mineros; también los damnificados por el terremoto y el maremoto. ¡Cómo quisiéramos que los comuneros que hacen huelga de hambre, también estuvieran de fiesta!", señaló el Arzobispo de Santiago, Cardenal Francisco Javier Errázuriz.

En ese sentido, emplazó a los 34 mapuches en ayuno hace 69 días y a las autoridades a "reestablecer las confianzas imprescindibles", de modo de poner punto final a la presión e iniciar un "diálogo generoso y visionario".

"Nos preocupa la huelga de hambre de nuestros hermanos mapuches, que puede dejar en ellos daños irreparables", advirtió durante su elocución.

Asimismo, el Arzobispo valoró la "fuerza, fe y solidaridad" que permitieron al país "ponerse de pie" tras el sismo 8,8 grados Richter, además de aplaudir la dirección del Gobierno recién instalado.

Siguiendo con el relato de sucesos, expresó su orgullo por el valor demostrado por los 33 mineros atrapados y el trabajo de los rescatistas y autoridades que no han escatimado en gastos.

Este último punto se hizo presente en la misma decoración de la catedral metropolitana, donde se levantaron 32 banderas chilenas y una boliviana, en clara alusión a los pirquineros.

Además, participaron de la ceremonia los Mandatarios de Bolivia y Paraguay, Evo Morales y Fernando Lugo.

Durante el oficio religioso, el Presidente Sebastián Piñera recibió el Evangelio de Chile, el cual fue escrito a mano por cerca de ocho mil personas.

"De nuestra parte, los Obispos y pastores presentes nos comprometemos a hacer cuanto nos incumbe, con nuestras palabras e iniciativas, para que Chile siga valorando el tesoro que recibió desde sus inicios, el Evangelio de Jesucristo", explicó el cardenal. Gracias.

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TERESA santomil gonzalez

TERESA santomil gonzalez dijo

Como yo de estas cosas no se nada, pues nada comento

pero te dejo un abrazo grande...

19 Septiembre 2010 | 11:51 AM

EL LIBRO DEL CAPITAN

EL LIBRO DEL CAPITAN dijo

La conmemoración del Bicentenario de Chile se ha convertido en un fasto mediático que despliega los signos de la historia: personajes y batallas nimbados por el heroísmo o construidos sobre el anecdotario. Cada relato histórico que se nos ofrece por estos días de febril patriotismo – convertido en representación audiovisual o en “programa educativo” – exhibe y oculta, presenta y escamotea acontecimientos y circunstancias. Se trata de una historia que nos niega la memoria. En suma, se trata de una historia canónica destilada como ideología de los triunfadores.

La memoria va más allá de la mera referencia a los hechos, con obstinada insistencia reclama la comprensión cabal de aquella gesta fallida, la tradición de los vencidos. Sólo de este modo es posible pensar un presente histórico, restituyendo su plenitud al Ahora. Aquello que se vio frustrado es, precisamente, lo que desautoriza el relato histórico de los vencedores. Salvo contadas excepciones, los historiadores nos han negado la memoria, convirtiendo nuestra historia bicentenaria en una narración interesada.

El Chile que habitamos ha sido construido por sueños y utopías que han quedado en el olvido, miles de muertos anónimos durante doscientos años. Sin embargo, hoy se pretende erigir un país de espaldas a todas aquellas víctimas que dieron sus vidas por lo que no llegó a ser. Recuperar la memoria, es apropiarnos de nuestra historia de siglos, plagada de violencia, olvidos e injusticias. Esta memoria ha sido escrita por miles de anónimos mineros, en los paisajes resecos del norte o en los húmedos socavones del sur, pero también por valientes campesinos acribillados tantas veces, por comunidades mapuches reclamando su dignidad, por tantos compatriotas torturados o asesinados cruelmente por la codicia de unos pocos.

A dos siglos de vida independiente la sociedad chilena se organiza en pos del progreso económico para unos cuantos, generando con ello desigualdad con su secuela de violencia, sufrimiento y miseria. Los intereses económicos, revestidos de razón científica, ponen lo humano al servicio del “progreso” y no a este “progreso” al servicio de lo humano. La historia oficial, entre nosotros, se ha convertido en aquel relato que legitima y justifica el actual estado de cosas, el enriquecimiento de una minoría y la pobreza material y espiritual de las mayorías, sometidas no sólo al despojo sino a la ignorancia promovida por los medios y el consumismo.

El sentido del Bicentenario de Chile, para las nuevas generaciones, es en primer lugar restituir plenamente nuestra memoria, pues en las cenizas de aquellos sueños laten los anhelos profundos de un pueblo que se han expresado de muy diversas maneras a lo largo de nuestra vida republicana. Este despertar a lo que hemos sido no es una tarea fácil, mucho menos en estos tiempos de frivolidad y fantasmagorías, pero, del algún modo es un desafío permanente e ineludible que compartimos con otros pueblos de nuestra América. Reclamar y promover este despertar es un imperativo de nuestro tiempo histórico, tanto frente a las nuevas generaciones como frente a aquellas voces acalladas por centurias.

22 Septiembre 2010 | 07:08 AM

EL LIBRO DEL CAPITAN

EL LIBRO DEL CAPITAN dijo

La conmemoración del Bicentenario de Chile se ha convertido en un fasto mediático que despliega los signos de la historia: personajes y batallas nimbados por el heroísmo o construidos sobre el anecdotario. Cada relato histórico que se nos ofrece por estos días de febril patriotismo – convertido en representación audiovisual o en “programa educativo” – exhibe y oculta, presenta y escamotea acontecimientos y circunstancias. Se trata de una historia que nos niega la memoria. En suma, se trata de una historia canónica destilada como ideología de los triunfadores.

La memoria va más allá de la mera referencia a los hechos, con obstinada insistencia reclama la comprensión cabal de aquella gesta fallida, la tradición de los vencidos. Sólo de este modo es posible pensar un presente histórico, restituyendo su plenitud al Ahora. Aquello que se vio frustrado es, precisamente, lo que desautoriza el relato histórico de los vencedores. Salvo contadas excepciones, los historiadores nos han negado la memoria, convirtiendo nuestra historia bicentenaria en una narración interesada.

El Chile que habitamos ha sido construido por sueños y utopías que han quedado en el olvido, miles de muertos anónimos durante doscientos años. Sin embargo, hoy se pretende erigir un país de espaldas a todas aquellas víctimas que dieron sus vidas por lo que no llegó a ser. Recuperar la memoria, es apropiarnos de nuestra historia de siglos, plagada de violencia, olvidos e injusticias. Esta memoria ha sido escrita por miles de anónimos mineros, en los paisajes resecos del norte o en los húmedos socavones del sur, pero también por valientes campesinos acribillados tantas veces, por comunidades mapuches reclamando su dignidad, por tantos compatriotas torturados o asesinados cruelmente por la codicia de unos pocos.

A dos siglos de vida independiente la sociedad chilena se organiza en pos del progreso económico para unos cuantos, generando con ello desigualdad con su secuela de violencia, sufrimiento y miseria. Los intereses económicos, revestidos de razón científica, ponen lo humano al servicio del “progreso” y no a este “progreso” al servicio de lo humano. La historia oficial, entre nosotros, se ha convertido en aquel relato que legitima y justifica el actual estado de cosas, el enriquecimiento de una minoría y la pobreza material y espiritual de las mayorías, sometidas no sólo al despojo sino a la ignorancia promovida por los medios y el consumismo.

El sentido del Bicentenario de Chile, para las nuevas generaciones, es en primer lugar restituir plenamente nuestra memoria, pues en las cenizas de aquellos sueños laten los anhelos profundos de un pueblo que se han expresado de muy diversas maneras a lo largo de nuestra vida republicana. Este despertar a lo que hemos sido no es una tarea fácil, mucho menos en estos tiempos de frivolidad y fantasmagorías, pero, del algún modo es un desafío permanente e ineludible que compartimos con otros pueblos de nuestra América. Reclamar y promover este despertar es un imperativo de nuestro tiempo histórico, tanto frente a las nuevas generaciones como frente a aquellas voces acalladas por centurias.

22 Septiembre 2010 | 07:08 AM

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