Historias a la Chilena: Eduardo Barrios y el niño que enloqueció de amor
Amigas y amigos: En esta ocasión les voy a contar algo que para mí es una de los libros que más me ha marcado en mi vida y a suvez, uno de los más célebres escritos que ha hecho uno de los garndes escritores que tuvo Chile, me refiero a Eduardo Barrios y su libro El niño que enloqueció de amor, uno de los brillantes libros que para mí es de mis favoritos y que a su vez me identifica muchísimo, porque desde niño me enamoré de una mujer adulta, joven y muy bella, casi similar a lo que sucedió al protagonista, pero no con la agonía y penurias que el protagonisat vivió, y que vemos en nuestros tiempos que estamos viviendo realidades que para un adulto cuesta comprender y entender, pero en la época en que Eduardo Barrios escribió la novela, De hecho, no fue poca la polémica que generó esta obra por su atrevida trama a principios del siglo pasado, sino su narrativa cuenta tratándose de un diario de vida y de un niño que a su corta edad vive como un adolescente los dolores y penurias de un amor demasiado idealizado y, peor aún, no correspondido. Ya eso, la intención de una relación entre un niño y un adulto era demasiado para la tradicional y conservadora sociedad de la época. No obstante, la obra tiene mucho más que eso, seguramente otro motivo de escándalo es que nos habla de la soledad que siente un hijo natural que no conoce su condición y que ignora el secreto mejor guardado de la novela: Carlos Romeral, presentado como amigo de la familia, es su verdadero padre. Aunque él no lo sepa y aunque el narrador nunca lo diga, las pistas que quedan por todos lados de la obra lo evidencian sin lugar a dudas. Ello explica también el rechazo que la abuela materna siente por el menor, en la vida real a veces pasa en algunas familias en donde abuelos y abuelas rechazan, por distintos motivos a sus nietos.
Por otra parte, la acertada configuración de los personajes, su pictórica presencia en la novela nos habla de una pluma exquisita y eficiente. Angélica, por ejemplo, la inolvidable musa de este niño enamorado se nos aparece en toda su encantadora presencia, con su gesto y su palabra cercana al niño disfrutando de la compañía de éste, pero siempre viéndolo como un pequeño, típico de los efectos del complejo de Edipo, del niño que se enamora de su madre y de alguien mayor o adulto.
Los rigores del Colegio, las bajas notas en el rendimiento académico, la falta de apetito y el cambio de humor, nos muestran a un niño enamorado, incomprendido por los adultos que achacan a la anemia o al alcohol los problemas del pequeño. Recorremos con el niño toda su larga agonía, jalonada de largas tristezas y escasísimas alegrías.
Sabemos también, por cierto, del amor de la madre, del rechazo de la abuela y de la cercanía de Carlos Romeral. Todo ello gracias al oficio y calidad de un escritor que dejó una impronta imborrable en la historia de nuestras letras.
Qué duda cabe que esta breve novela es clásica, cuya trama y vigencia sigue tan fresca como hace casi cien años y que hasta hoy arranca lágrimas emocionadas a los lectores más sensibles, y eso en la época en que lo escribió, Eduardo Barrios, supo contemplar a raíz del protagonista un tormento que cautiva y para que aquellos que se identifican con el libro y el personaje principal, sabemos, que estos actos aún siguen ocurriendo en los tiempos de hoy, por la falta de comunicación que persiste hoy en día en varias familias por los trabajos y la despreocupación de los padres a los hijos, a lo que se tiene que dar más atención sobre ellos. Gracias.
N. de










deseosinfin dijo
Hola..muy interesante lo que cuentas
Voy entrar a benjimusica..
Un abrazo
8 Septiembre 2008 | 01:27 AM